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ZARAPITO PIQUILARGO
El logo para el Fondo de Conservación de Esteros de
Peñasco incluye la silueta de un Zarapito Piquilargo (Numenius americanus),
un playero grande residente de nuestros esteros. Esta especie se considera
vulnerable en la lista roja (UICN), y de estatus especial en los EEUU, debido a
la disminución de sus poblaciones a lo largo de su distribución. Si visitas a
uno de los esteros en el norte de Sonora, seguramente verás estas aves
elegantes, buscando cangrejos y camarones con sus picos largos y curvos. Aunque
podemos observarlos durante todo el año, la mayoría de la población migra hacia
el centro de los Estados Unidos para reproducirse a finales de primavera y principios
de verano.
PRIMERAS PESQUERIAS: Totoaba & Tiburón
Los recursos pesqueros del Golfo han sido utilizados
desde hace miles de años, pero no fue sino hasta el siglo pasado que se
iniciaron actividades de pesca comercial. En los años veintes la demanda de
totoaba (para comer el buche o vejiga natatoria) crecía y por lo tanto el
esfuerzo pesquero. Al final de la Primera Guerra Mundial, el gobierno
estadounidense apoyó al gobierno mexicano para pavimentar la carretera 8 de
Sonoyta a Puerto Peñasco, lo cual abrió los mercados internacionales. La
construcción de embarcaciones en Peñasco se tornó muy viable debido al acceso a
materiales de bajo costo desde los EEUU. Durante la guerra se descubrió el alto
contenido de vitamina A en el aceite de hígado de tiburón, lo cual promovió la
pesca de tiburón. Para los 1950’s las pesquerías de tiburón, totoaba y camarón
eran muy fuertes y Peñasco era un de los puertos más productivos de México. El
mismo éxito en estas pesquerías produjo una baja en las poblaciones. La totoaba
fue el primer pez marino en considerarse en peligro de extinción, y recibió
protección completa en el 1975. Las poblaciones de tiburón también presentaron
declinaciones, no sólo en el Golfo, sino a nivel mundial.
EQUINODERMOS
Los equinodermos son un grupo de invertebrados que
incluye a las estrellas sol, los pepinos, los erizos y las galletas de mar, es
el grupo más diverso y grande de especies marinas. Juegan un papel clavel tanto
en los mares someros como en los profundos; comen algas, trituran rocas, airean
el fondo marino, y son depredadores generalistas. En las pozas intermareales
cerca de Peñasco, los equinodermos más comunes son, los ofiuros , y los erizos
morados y de lápiz. Anteriormente también era muy común encontrar estrellas
sol, pero debido a cambios de temperatura durante un evento de “El Niño”, a
finales de los años ochenta, su población declinó.
GRUPOS ESCOLARES EN CEDO
“El CEDO es un excelente lugar para las salidas de
campo escolares, no sólo por la diversidad que se encuentra en las pozas
intermareales, sino también por la convivencia que promueve entre los
estudiantes. Cuando los muchachos cocinan y trabajan juntos, disfrutan de una fogata
y duermen bajo las estrellas tienen muchas oportunidades para interactuar. CEDO
también les permite de ver de primera mano los esfuerzos de conservación e
investigación, ya que pueden platicar con los investigadores visitantes y el
personal del CEDO. Es un lugar muy hermoso y especial, no en cualquier sitio se
pueden ver ocho fila distintos de invertebrados marinos, atardeceres hermosos y
delfines en una sola visita.”
- Dr. Katrina Mangin
Profesora de Ecología Marina, Ecology and Evolutionary Biology, University of Arizona
CEDO & PEQUEÑOS NEGOCIOS
Debido a que creemos que los pequeños negocios y la
propiedad local son factores claves para el bienestar social y del ambiente, el
CEDO apoya iniciativas locales de ecoturismo alrededor de Peñasco. Nos hemos
involucrado para apoyar a las cooperativas de ostioneros en El Estero Morua; se
ha promovido el restaurante “El Barco” con un mural educativo, así como la
renta de kayaks en “Kayaks Noemí”. En
una escala mayor, estamos promoviendo el proyecto NaturArte,
cuyo objetivo es desarrollar, fortalecer y conectar los distintos
esfuerzos en ecoturismo a través de un corredor de humedales.
LOS BECARIOS
Desde su inicio en el 2000, el programa de becarios
del CEDO ha creado una experiencia directa con el “corazón y espíritu” del CEDO
y su misión. Los becarios tienen la posibilidad de desarrollar habilidades y
adquirir experiencia práctica en la eco-educación. También se benefician de sus
interacciones con el personal del CEDO, y los alumnos e investigadores visitantes.
Un becario comentó: “Fue una experiencia maravillosa poderme sumergir en el bellísimo
paisaje del Mar de Cortés.”
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